Después de la aprobación de la subvención de 59.000 euros para la Urbanización Valdelagua nada hacía pensar que dicha decisión fuera a correr peligro. Pero así fue, y con mucho suspenso. Con mucha estrategia por parte de Gobierno y oposición. Echando faroles como en el póker, con la estrategia del ajedrez, y sobre todo, con mucho suspenso.
El final no estaba claro, como en Testigo de cargo, famosa película de Billy Wilder, en la que el final cambia una y otra vez ante el asombro del espectador en los minutos finales de la cinta. Así fue, desde que el PP presentó la moción de urgencia hasta que finalmente fue rechazada en el debate con el voto de calidad del alcalde, Jesús Sáinz.
El PP pidió inesperadamente la anulación de la subvención otorgada en el Pleno del día lunes 25. Una incógnita que surgía era como votaría Amalia Gutiérrez, recientemente echada del Grupo del alcalde. El día 25 su voto no tenía mayor importancia porque el concejal Antonio Ronda no había participado en el Pleno, pero el viernes sí estaba. Otra abstención forzaría al alcalde a utilizar su voto de calidad. Un voto en línea con el PP, su ex partido, sería demoledor para el Gobierno municipal.
En el debate se repitieron acusaciones y criticas de la última sesión. Electoralismo, discriminación, falta de informe técnico del Ayuntamiento, informes técnicos de parte, seguridad, etc. Los mismos argumentos de ambos lados. Excepto por uno.
El alcalde invocó que el hecho de que un Pleno genera derechos para terceros y que la decisión sólo puede ser “recurrida por vía judicial”. Además, dijo y repitió más de una vez, que aquellos concejales que votaran por la anulación podrían tener “problemas jurídicos muy serios”. Parecía un mensaje a dirigido en forma solapada a la concejala Gutiérrez, para que no se atreviese a dinamitar la subvención con un voto a favor de la propuesta.
La concejala Cristina Aparicio, portavoz del Grupo Popular, sugirió que el secretario interviniese para despejar cualquier duda sobre si el Pleno del lunes había producido derechos a terceros, como aseguraba Sáinz. Así se determinaría si la anulación de la subvención podría acarrear consecuencias legales.
Sin embargo, el alcalde no lo invitó a intervenir aduciendo que el funcionario de por sí tiene la obligación de interrumpir si “detectara cualquier indicio de ilegalidad”. El secretario mantenía el silencio. La concejala aprovechó ese silencio para resaltar que al no intervenir todo se estaba haciendo escrupulosamente de acuerdo a la ley. “Si el señor secretario no ha hablado es porque no hay ninguna ilegalidad”, quiso dejar más que claro.
Indirectamente Sáinz y Aparicio ejercían presión sobre el secretario. Fue allí que el funcionario pidió intervenir. Nadie estaba seguro de lo que diría. El PP temía que sus palabras fueran contrarias a su tesis. El alcalde temía lo contrario, lo que podría radicalizar el voto de Gutiérrez. El secretario se manifestó en línea con la posición del primer edil. “Pediría que el Pleno lo dejase sobre la mesa a expensas de un informe jurídico”, sentenció.
Para Sáinz era más que suficiente. Vio que era su oportunidad y arremetió como un tsunami. “Este alcalde no puede parar la votación si el Grupo que ha presentado la moción no la retira”, dijo solemne. El balón estaba en el tejado popular. Sáinz les dejaba el camino libre hacia el abismo. Aparicio y Figueroa hablaban en voz baja. La portavoz ensayó algo así como “quedamos a la espera…”.
Y el alcalde aprovechó las dudas del PP. Arremetió nuevamente y fue directo a la votación. Allí tenía todas las de ganar. Las opciones ya eran todas favorables a su Grupo. El PP sólo podía retirar la moción, lo que significaría un ridículo político en el último pleno antes del 22-M. Estaba tranquilo de que ningún voto díscolo cruzaría la línea roja de la abstención, teniendo en cuenta las advertencias propias y las del secretario. Ya no había más suspenso. Ya estábamos en esa parte de la película, los 30 segundos finales, cuando ya acabó el clímax, cuando ya todos conocemos el final y sólo nos dedicamos a observar su previsible desarrollo.
El PP votó en bloque a favor de la anulación de la subvención, una propuesta que ya no tendría consecuencias porque estaba claro el final. El Equipo de Gobierno votó en contra. Gutiérrez se abstuvo. Empate a seis. Se votó otra vez y definió el voto de calidad del alcalde. Cómo en una maratón circular, después de mucho transpirar, mucho trajín, y muchas pulsaciones, todo acabó en el mismo el lugar donde comenzó. Valdelagua retuvo la subvención.
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